En lo que se presenta como una desesperada búsqueda de votos se conoció en las últimas horas un documento que
circuló entre magistrados de distintos estamentos designados por la
administración sciolista. En esos papeles -presentados en forma de misiva-, el
propio Scioli invita a los destinatarios a confiarle su voto.
El breve texto está impreso en hoja membretada, portando el
rostro y la identidad del candidato. Escrito en primera persona, está dirigido
expresamente a los mil cien magistrados designados oportunamente por el Gobernador durante sus ochos
años de gestión al frente de la Provincia de Buenos Aires, con mención
personalizada: '(...) entre los cuales se encuentra Usted, contribuyendo a esa
excelsa labor'. Seguido de un párrafo intermedio, la carta remata con la
invitación del Gobernador: '(...) Aprovecho a solicitarle que me acompañe en
estas elecciones presidenciales para que podamos seguir transformando la
Justicia en todo el territorio de nuestra Patria (...)' [sic]'.
De confirmarse que el documento fue, en efecto, remitido por
orden del Gobernador, se estaría en presencia de un escenario delicado, desde
el punto de vista de la jurisprudencia. En tal sentido, un reconocido abogado
de la ciudad de Mar del Plata -consultado por este medio- entiende que sobran
argumentos para presentar la denuncia correspondiente, alegando interferencia
política y afectación a la independencia de poderes. 'Una cosa son los
discursos de campaña y el uso de las redes sociales; Pero otra cosa bien
distinta es sugerir a los magistrados de la Provincia que se inclinen por tal o
cual candidato. Los jueces forman parte de un poder independiente del Estado, y
son quienes deben investigar delitos de corrupción de los mismos funcionarios.
Esto muy grave', expone dicho jurista a El Ojo Digital.
Con todo, la injerencia de Daniel Scioli en el Poder Judicial
no es nueva. A la consabida intromisión que habrían protagonizado sus
personeros judiciales en la desestimación de la denuncia del Fiscal Alberto
Nisman para despejar de espinas el sendero de su candidatura, se suma la
supuesta intervención en la tranmisión de mensajes con el objeto de que los
jueces de orden federal atenúen la embestida judicial contra funcionarios del
Gobierno, hacia fines del pasado año. Asimismo, y bajo la modalidad del fallo
express, el Juez de Garantías Número 3 de La Plata sobreseyó al candidato en la
causa que se le seguía por enriquecimiento ilícito. Adicionalmente, fue noticia
en los últimos días el indisimulable interés de Daniel Scioli en nombrar a más
de cien jueces en serie, cuyos pliegos fueron remitidos al senado bonaerense
(el mandato aún no cuenta con la debida aprobación).
En uno de los spots de campaña, el esposo de Karina Rabolini
hace mención al enojo de la gente con el Gobierno Nacional, aunque una porción
de discurso reza, textual: 'Pero no creo que estés enojado con la Asignación
Universal por Hijo'. La mención -poco inocente- se asemeja, de a ratos, más a
un pase de facturas que a una apelación sincera al electorado independiente. A
caballo de esta delgada línea que separa al mensaje apelativo de la lisa y llana
extorsión, viajan las elocuentes dificultades de Scioli para llevar a cabo una
campaña coherente, acorde a lo que él declama sobre su persona: un hombre tan
dialoguista como pacífico. Aún cuando, tras los incómodos guarismos arrojados
por la primera vuelta, intenta transmitir idénticos conceptos, pero mostrándose
amenazante y con escaso ánimo para el sano intercambio -casi una perfecta
contradicción. En tal contexto, la carta dirigida a los magistrados -aún con el
beneficio de la duda sobre su autenticidad- no resultaría sorprendente. Sin
importar que el contenido roce los límites de la legalidad y de la ética.
¿Acaso el candidato del Frente para la Victoria a la
Presidencia de la Nación comienza a exhibir un lado oscuro hasta ahora
desconocido, al enfrentarse a los últimos días de la campaña? El grueso de la
prensa independiente y la opinión ciudadana así lo entienden.